Quizas te parezca excesivo dedicar media asignatura a plantearte si realmente guieres convertir tu talento en un negocio y tus ideas estratégicas. Pero créeme: te pondré un ejemplo muy representativo de este tipo de penosas vicisitudes.
¿Qué pasa cuando aceptas un encargo de 200 unidades de uno de los productos que habías creado como pieza única y tienes solo una semana de plazo para su entrega? En principio todo parece indicar que has triunfado, pero lo que empieza con una gran celebración puede acabar en llanta porque…
- No habías calculado cuanto tiempo se tarda en hacerlo y no tienes a nadie que pueda ayudarte a crearlo en serie.
- No tienes toda la materia prima que necesitas y el cliente quiere que todas las unidades sean idénticas.
- Crear una sola era muy divertida, pera cuando vas por la pieza número 25 ya no te lo parece tanto.
- Las herramientas que tienes no aguantan el desgaste de la creación de tantas unidades.
- Tus manos se resienten y, después de horas sin dormir, cometes errOres y tienes que repetir algunas piezas.
Para evitar «morir de éxito», entre otras cosas, es por lo que merece la pena empezar por el principio y avanzar despacio y con prudencia. Los proyectos con un fuerte componente emocional, como son los negocios que surgen de motivaciones personales, pecan de exceso de toma de decisiones en caliente.